PARQUE TEMÁTICO de la NATURALEZA - 11 de Octubre de 2004

SENDA VIVA



  SENDA VIVA es una mezcla de parque natural y cultural, es un parque temático y educativo, que refleja ciertos aspectos de comienzo del siglo XX, así como la fauna autóctona y la de otros continentes.

  En su página web (indicada al final de este artículo se explican más detalladamente todas las actividades de este parque).

  Está situado entre Valtierra y Arguedas, desde donde se tiene acceso indicado en todo momento viniendo por carretera tanto de un lado como de otro. Desde la zona más alta del parque se tiene una muy buena vista de Las Bardenas Reales de Navarra.


Comentaré mi experiencia en la visita a este parque, acompañada de fotografías.

 


  Sobre las 13:00 h. llegamos al parque y aparcamos nuestro vehículo en un hueco del amplio párking habilitado a pocos metros del centro de información y taquilla en la entrada al parque. Es una gran casa que -al otro lado- hace las veces de estación de tren, a donde accedemos una vez que nos pican el billete de entrada. Un enorme vagón de tren nos da la bienvenida a esa vasta extensión de cultura y fauna diversa, que iremos descubriendo conforme visitemos 5 zonas bien diferenciadas:
  • Estación
  • Pueblo
  • Feria
  • Granja
  • Bosque

  En la estación, aparte de comprar la entrada (yo creía que para tomar el tren), hay una enfermería, alquiler de sillas de ruedas y sillitas para niños y otras cosas que también debe de haber. La entrada para un adulto vale 17 euros, para los niños entre 4 y 12 años son 12 euros y para los mayores de 65 años y discapacitados son 12 euros. A los grupos parece que se les aplica un descuento.

  Lo que me sorprende al ver que el vagón no tiene máquina de vapor, es que además, la vía está cortada por ambos extremos. Mi gozo en un pozo, me había hecho la idea de que íbamos a tomar el tren que nos acercaría al pueblo, el próximo punto cultural. El trayecto hay que hacerlo andando, viendo algunos caballos y vacas a nuestro paso. Poca gente a esas horas y un sol abrasador a pesar de ser Otoño.

  LLegamos al pueblo. Algunos turistas en la terraza del café de la plaza. Nadie en la estancia del fotógrafo. Aquí nos podemos hacer curiosas y divertidas fotografías, el escenario está preparado para tener un recuerdo de época. En la casa del fotógrafo, hay un pequeño museo sobre este respetuoso arte. Al lado, una puerta cerrada para acceder a la misteriosa casa Unzué, nos hace que crucemos el pueblo, esquivando la tienda de souvenirs de la entrada y nos asomemos a ver los gigantescos bueyes en su cobertizo. A determinadas horas, te pueden montar en carros especialmente concebidos para que tiren de ellos estos grandes animales.




  Si no has llegado a tiempo de coger el bus de bueyes (especialmente reservado para gente menuda), tendrás que seguir andando unos metros más hasta llegar a La Feria, la tercera zona del parque, mientras observas variada y peculiar fauna. ¡¡ Ojo con las llamas que escupen !!


  Al llegar a la altura de una isleta llena de altas palmeras de juncos, nos sorprende ver a un fotógrafo apoyado en la barandilla muy concentrado. A primera vista no distinguimos el motivo de tal actitud, pero una observación más detenida al arrimarme a la barandilla sacia mi curiosidad: varios pequeños chimpancés juegan con las cañas de bambú, subiendo y bajando, y saltando de rama en rama. Complicado hacerles una foto, pues no paran quietos.



  Rodeándolos llegamos a la carpa del circo, al fondo, una caseta con loros que hacen alarde de su buena labia y silbidos, cuando les da la gana. El papagayo grandullón mantiene a raya a los loros de menor tamaño. Es un abusón.


Descargar Plano
de Senda Viva :
 

 

Imagen del plano



  Dentro del circo empieza la función. Tan sólo tres personajes bastan para hacer pasar un rato inolvidable y grato a grandes y peques. Primero aparece la Directora del circo  anunciándonos la presencia del Gran Augustozky, quien nos interpretará una serenata. El estirado Aurelio sale de entre bastidores diciendo:

  - Aurelio : "No está", "Augustozky no está, no ha venido".

  - Directora : "Y... ¿y qué hacemos?"

  - Aurelio : "Yo tocaré!!"

  - Directora: "¿Usted...?"

  ...Y cuando se prepara Aurelio para tocar la flauta, hace su aparición el Gran Augustozky, envuelto en una lluvia de confetti. La repolla de hombre, jaja... Nos lo pasamos en grande con ese personaje.


No dejen de ir al circo, son muy buenos actores y estuvo genial.


  Al salir del circo, una gran explanada y a derecha, descubrimos unos espejitos mágicos, en donde haríamos muchas risas y fotos. Sin desperdicio, fue una de las atracciones que más nos gustaron de todo el parque. Aquí pueden ver una muestra :



  El decorado y colorido tío-vivo daba vueltas y más vueltas. Junto a una caseta donde servían comidas tipo pincho moruno, un gran estanque con agua poco clara donde se supone que había nutrias, pero no vimos ninguna. Te dan un paseo en unas barcas que asemejan ser las almadías, aunque con algo de imaginación. Decidimos subir al bosque a comer, puesto que las mesas de este chiringuito estaban repletas.


  Para subir al bosque, situado en la zona más alta del parque, es preciso montar en camiones preparados para pasajeros. Aguardamos la cola, aunque los adultos sin silletas de niños tenemos prioridad en un último momento si es que quedan huecos en los asientos. Remontando la frondosa colina llena de pinos, sentimos algo de fresco. Al girar hacia la zona del bosque, divisamos los montículos desérticos de Las Bardenas.

  Rápidamente, nos apeamos del camión-bus y entramos en el restaurante "El balcón de la Bardena" para comer. Platos de postres van y vienen de un lado al otro. Nuestra sorpresa es que al preguntar a una camarera, ésta nos dice que la cocina se cierra a las 16:00 h. y que ahora eran las 16:15, así que... nos quedamos sin comer aquí. Unos segundos pensativos, una improvisada decisión y vuelta a la cola para tomar el camión-bus de bajada sin ver nada del bosque. Tenemos una prioridad claramente definida: comer. El estómago manda.

  Ya en la caseta de la feria, aún queda una mesa ocupada, el resto libre con restos de comida y vasos de plástico que la gente ha abandonado a su suerte, en lugar de echarlo a la papelera. Preguntamos qué podemos comer. Nos dicen lo que nos temíamos: "la cocina está cerrada, se cierra a las 16:00 h.". Increíble. Insistimos. Única comida que nos pueden servir: patatas con pinchos de chistorra. Como es una comida fuerte para mí, les insisto y me dicen que también les queda algo de pavo, aceptado. Para beber Pepsi y agua para mis acompañantes. Devoramos los pinchos morunos de chistorra y pavo, buenísimos. Al poco de sentarnos a comer, un grupo numeroso de personas invaden las mesas y otras personas piden de comer, pero ya no tienen nada, ellos ha llegado tarde, nosotros hemos tenido suerte. Les vemos comer patatas fritas de bolsa y algo de queso que uno de ellos se ha traído, a pesar de la "prohibición" de entrar con comida al parque, me imagino que para no dar de comer a los animales. Porque si las cocinas las cierran a las 16:00 h., te quedas sin comer y a nadie le importa. 



  Una vez satisfecho nuestro apetito, con las pilas cargadas y con poco tiempo de visita antes de que cierren el parque, nos apresuramos para ir a la casa del herrero, donde un dragón metálico nos iluminará el andén donde deberemos tomar el camión que nos conducirá a la zona alta del parque: el bosque.



  Esta vez tenemos la suerte de tener todos los asientos del camión para nosotros tres solos. No se nos escapa ninguna panorámica desde nuestra privilegiada posición. La Bardena blanca juega con la luz del atardecer.


  Llegamos al andén y rápidamente nos apeamos para visitar el libro mágico.



Repleto de niños y mayores, cuesta retratarse con la atractiva naturaleza de cartón-piedra. La fantasía se desborda y no queremos salir del libro, pero es hora de cerrar la tapa.

  Nos cuesta salir del libro de cuentos, donde podemos comunicarnos con los gnomos, con las flores, retratarnos junto a las setas o descansar sobre hortalizas.

  Sobre una plataforma metálica, observamos a los animales más fieros del parque: lobos y osos grises se pasean a escasos metros bajo nuestros pies, rodeados de altas vayas metálicas bien aseguradas. En cada recinto, hay una caseta donde los animales descansan bajo techo. Solamente vemos a un lobo solitario frente a la puerta, viendo pasar a los camiones llenos de turistas. Al poco, el escuálido can se tumba bajo un arbusto. Un oso entre gris y blanco pasea sin rumbo y cabizbajo por el bosque de pinar, donde no crece la hierba ni hay rocas ni nada. Dan un poco de pena estos animales, sin apenas espacio y sin actividades complementarias donde puedan ejercer sus aptitudes y vivir de forma más digna. Parecen dóciles pero no hay que fiarse, no creo que estuviesen muy contentos de estar ahí abajo, sin nada que hacer y siempre viendo lo mismo.


La torre que se ve al fondo es la lanzadera de caída libre. Sólo apto para buenos estómagos.

En esta imagen, el primo de Camile, aburrido dando vueltas por el recinto.



  Hay una exhibición de aves a la que no llegamos a tiempo, de modo que optamos por subir al balcón para ver las vistas de la Bardena blanca, pasando por las carboneras. Vemos que ya están subiendo al camión de regreso los últimos visitantes que quedamos. Son las 17:50 h., están deseosos de terminar su jornada y no quieren sorpresas de última hora que les haga alargarla, ya que además muchas personas del parque dependen de ello. La encargada nos hace una seña, de modo que nos volvemos casi corriendo, pero vemos que no somos los últimos ni penúltimos. Me quedo con las ganas de colgarme de la rueda para deslizarme por el cable de un extremo a otro. Nos vamos. Nos cruzamos con otro camión sin carga de turistas que parece subir a hacer las comprobaciones pertinentes antes de cerrar todo o para bajar a los empleados del restaurante y atracciones, si es que queda alguien allí arriba, cosa que dudo. Los animales se quedan solos.

Carboneras cubiertas por troncos.

Carbón vegetal bajo cubierto.


Foto desde el balcón de las Bardenas.

Bajando en el camión desde la parte alta del parque donde está el bosque. El último camión regresó de vacío.

 


  El camión pasa junto a una zona de avestruces, antes de llegar a la estación, frente al terreno del tigre. Animal que también debe de estar aburrido a juzgar por las vueltas que se le veía dar en torno al recinto, mientras esperábamos montarnos en el camión para subir al bosque. Yo creo que los animales que mejor se lo pasaban eran los monos, comiendo bellotas, saltando de junco en junco o persiguiéndose entre sí.

Salimos del parque de Senda Viva y a pocos metros, a derecha tomamos desvío hacia la ermita La Virgen del Yugo, situada estratégicamente en un altozano sobre las Bardenas.


  Se cuenta que la Virgen se le apareció a un pastor junto a un yugo de bueyes colocado en un árbol. De ahí, que se erigió esta ermita en el mismo lugar de la aparición.


El castillo de Peñaflor. Podemos verlo al fondo a la izquierda de esta fotografía. La luz del atardecer juega a hacerlo invisible.

Y hasta aquí el relato de la excursión. No deje de visitar laplumilla.com para descubrir otras zonas de Navarra u otros puntos naturales de nuestro planeta azul.



 SENDA VIVA :

 

 BARDENAS REALES de NAVARRA :

 

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 (c) Texto y fotos - 23-Octubre-2004 - Autor: Jesús M. Vega