| Sobre las 10 de la mañana, emprendo
la ruta planeada del día :
NÍJAR-TURRILLAS-TABERNAS-MINI HOLLIWOOD A los 25 km. de San José, llego a NÍJAR. El comienzo de la calle principal es un hervidero de tiendas donde se venden utensilios de mimbre y las famosas jarapas (telas típicas de Níjar). Me recorro casi todo el pueblo en coche, comprobando cómo no hay nada interesante, excepto lo que hay en esa mencionada calle. Vuelvo por otro lado del pueblo, pero siguiendo la calle principal, que atraviesa el pueblo y sube en dirección a HUEBRO (pequeño pueblo situado entre montañas al fondo del valle, bien merece una foto). A los 8 km. de Níjar y antes de llegar a Huebro, tomo pista a derecha -bien señalizada- que me llevará a TURRILLAS. Pista en bastante mal estado, con piedras gruesas, pero totalmente seca y sin problemas con reductora rodando despacio. Música para amenizar el desolado camino que se presenta. No hay cobertura, a pesar de estar alto. Me da Alegría cuando llego a un cortijo y -de lejos- veo dos personas que me están observando. Veo un renault 4L y pienso que la pista mejorará -pues un coche ha llegado hasta allí- y que la carretera se encontrará cerca. Al pasar por el cortijo, un hombre bien vestido (se le nota de ciudad) me espera junto al coche para ver quién soy. Sin hablarnos me dice que pase, aunque no aparta el coche. Muy bien, ya tranquilo de ver quién es ese osado individuo que se aventura por esa pista dejada de la mano de Dios, se va a sus quehaceres y yo sigo mi camino por una pista que no mejora. Nunca te puedes fiar de si una pista es buena, si ves un renault 4L, esos coches se meten por todas partes. Llego a una bifurcación de pistas. Giro a derecha, evitando una amplia zanja, y sigo la pista, pues la izquierda parece encaminarse a una mina abandonada, a unos 1.216 m. de altitud. Metros antes de llegar a los 9 km., veo a lo lejos que un todoterreno gira en 45 grados y se mete por la misma pista que yo llevo. Un francés con su mujer e hijos en un Nissan largo, me preguntan por la GR-140 y si por aquí se va a Níjar. Se lo confirmo y le aviso del giro a izquierda que se encontrarán en la pista. Les pregunto y me dicen que ellos vienen de Tabernas y del pico de Colativí. Así pues, sin dudarlo y al salir a los pocos metros a carretera asfaltada, giro a izquerda y sigo la ruta. La carretera asfaltada llega hasta subir al pico COLATIVÍ, de 1.387 m. de altitud, del cual no consigo divisar nada, debido a la espesa niebla del entorno. Son 2 km. de subida al pico -desde la carretera-, donde hay un repetidor, una especie de observatorio con una cápsula circular. Tras bajar del Colativí, aún tendré que conducir pacientemente durante unos 24 km. antes de legar al poblado del Oeste. La pista de tierra se torna en asfalto, aunque con muchos hoyos cortantes y revueltas hasta bajar al poblado del salvaje Oeste. No es un trayecto cómodo y ello nos hará desistir de volver por aquí otro día. La ruta discurre por todo lo alto de la sierra ALHAMILLA y siempre divisando a lo lejos el poblado del Oeste. Desde que empiezo a ver el poblado del mini-holliwood hasta que llego abajo, justo a la entrada del mismo poblado, tardo más de una hora. La pista que discurre por la sierra Alhamilla está a gran altura. Me encuentro a un Nissan de Retevisión que se dirige a un repetidor y me asombro de la paciencia de su conductor, por haber subido por esa interminable, bacheada, estrecha y revuelta carretera. Por fin, en las últimas revueltas, el paisaje parece simular ciertos oasis entre pequeños montículos, ya estoy al nivel del poblado. La pista sale justamente por detrás de las empalizadas de madera de "Fort Apache", la parte de atrás que el público normalmente no ve. Una gran nave y vehículos aparcados en sus cercanías sería la encargada de la gestión y el mantenimiento de este extenso parque temático. El poblado : Al llegar al poblado, veo coches aparcados en la sombra. Sin pensarlo, me meto en el aparcamiento y una chica me saluda al entrar. Retrocedo con el coche y me digo que aparco y luego tomo el ticket. 2,60 euros creo recordar. Me quedo bastante asombrado, porque me parece muy barata la entrada al mini-holliwood. Me da una ficha-moneda sin darme ninguna explicación. ¿Será para entrar y salir del poblado? Sigo andando hacia la entrada, hay una caseta. Busco la manera de entrar con la ficha por la puerta. Obviamente, mis intentos son infructuosos. Otra chica me saluda, le enseño la ficha que me han dado y me dice: "eso es para el aparcamiento". Es de risa (pensé para mis adentros. Sin duda tanta curva me había dejado mareado y no me dí cuenta de que en los párkings también hay que coger entrada), "ah!, ya me parecía que era muy barato" -le contesto en tono de humor- . 16 euros por ser adulto me cuesta la entradita. Le pregunto si puedo salir y volver a entrar (era la hora de comer de los españoles, excepto quien redacta, pero me parecía una hora estupenda para tomar contacto con el poblado), me dice que sin problemas, que se lo diga a quien esté en la caseta. Por lo visto, aún no había entrado en el poblado, que está rodeado de una empalizada de madera, con torretas. El poblado está dentro del "Fort Apache". Nada más cruzar un puente de madera y a la entrada del fuerte, hay una caseta con unos chicos que atrapan a toda chica que entra para hacerles una foto con sus pistolas y sombrero, para luego entregarles la foto a la salida, previo cobro claro está. A mí no me hacen ni caso, por lo que consigo entrar al poblado libremente. Tiendas de indios y canoas a mi derecha, al frente las casas del poblado, a la izquierda la escuela primaria (convertida en guardería), la casa del herrero (es curioso que no tenga cama) y la mina del diablo, con sus vagonetas. Enfrente mía, veo una rampa que sube muy cómoda a la sala de juegos, por lo que decido entrar por allí pues me parece algo raro. Se trata de una sala de juegos de lo más normal, un billar, unas máquinas tragaperras y, al fondo, un juego de puntería con las típicas escopetas del oeste. Más al fondo, los lavabos para minusválidos, de ahí se explica la amplia rampa de la entrada.
Abro una puerta a mi derecha y al salir, me siento como si hubiera entrado en el escenario de una película. Ahí está la plaza del pueblo, con un estupendo abrevadero cubierto del que cuelgan varios cubos de agua agujereados por los disparos que alguien acaba de hacer. Miro a un lado, miro al otro, el pueblo está tranquilo. Mi riñonera se transforma en la funda de mi revólver, me siento un pistolero al caminar sobre las tablas de madera de la casa por la que acabo de salir. Mi cámara de fotos no para de disparar, se vuelve loca, una panorámica, otra y otra, no hay que desperdiciar rincón alguno. Estoy dentro del escenario y me siento ávido de encuadres. Soy el protagonista y el fotógrafo de mi propia película. Camino por todas las calles, observo encuadres, a los vecinos del pueblo... Yo acabo de llegar como un vil forastero, me quedo enmedio de la polvorienta calle y me parece sentir que Lee Van Cleef (en su papel de malo en "Hasta que llegó su hora") va a aparecer de un momento a otro, a lo lejos por un calle y ahí estoy yo, dispuesto a desenfundar mi cámara y pegarle el mejor tiro que jamás nadie le haya dado. Escucho la música de esa película. En todo el poblado se oye música de diferentes filmes. Es como si estuviese viendo una película del oeste en el cine, pero en tres dimensiones, porque yo lo estoy viviendo desde dentro. Para seguir viviendo la aventura y sentirse inmerso en el escenario, solicite el cdrom al autor del reportaje. |
| ý Cerrar |